velas

 

AYUDA para la RECONCILIACIÓN

ME PREPARO. Hago silencio y propongo con confianza mi mirada en Jesús. Su vida me enseña que ante el Padre no puedo sentirme atacado, sino comprendido y rodeado de su exagerado amor.

PIDO. En presencia del Espíritu, le pido que me ayude a mirar mi vida con ojos lúcidos y amables, a convercerme de que Dios está de mi parte, a adeptar sin medias tintas su perdón.

ESCUCHO. Leo sin prisa y dejo resonar La Palabra del Señor, que me llama a presentarme sin disfraces ni miedos delantes de Dios.

TOMO CONCIENCIA. Hago memoria de lo vivido con Dios ¿creo que me mira con ternura?, ¿cómo lo miro yo?, ¿es Él lo primero?, ¿cómo busco su voluntad?. Con la creación: ¿cuido nuestra casa común?. Con los otros: ¿ayudo, me aprovecho, acepto, soy duro, perdono, manipulo, critico, envidio...?. Y conmigo mismo ¿cómo me miro, cómo me trato?, ¿me acepto imperfecto y necesitado?, ¿en qué invierto mi tiempo, mis capacidades, mi salud?.

CONFIESO. Doy gracias al Padre -con  la ayuda del sacerdote- por las cosas bien hechas en este último tiempo, por todo lo bueno que hay en mí, mis ganas de amar, mis deseos de servir, mi fe y pongo en sus manos mi debilidad, mis luchas interiores, mis miserias, ¿de qué necesito ser liberado?, ¿qué me pesa?,¿qué daño he causado?.

ACOJO EL PERDÓN. Experimento la misericordia y la alegría de Dios, que está deseando perdonarme y que me abre al futuro Ahora, ¿con quién necesito hablar?, ¿qué puedo devolver?, ¿debo restituir el buen nombre de alguien?.

AGRADEZCO. Recojo este momento liberador haciendo un coloquio con Jesús en la Cruz. Que su amor sin límite me impulse a amar sin medida que su perdón sin condiciones me lance siempre a servir.